25 jun 2008

¿Cómo Surge?

El problema con esta emoción puede surgir de diferentes formas:
La conducta violenta puede ser un medio para conseguir determinados objetivos cuando no somos capaces de lograrlos por otros métodos. En este caso nuestra conducta responde a un déficit de habilidades y puede mejorar adquiriéndolas.
Cuando hemos aguantado demasiado y saltamos por algo sin importancia. En realidad reaccionamos a todo lo que nos ha ocurrido previamente. Como nuestra reacción se considera desmesurada, tenderemos a reprimirnos y aguantar más, en consecuencia nuestra siguiente reacción violenta será mayor y seguiremos en ese círculo vicioso. Para salir de ese círculo vicioso el camino no es aguantar más, sino poder reaccionar de forma inmediata a los problemas y frustraciones. En ese caso la reacción es más adecuada y comedida porque las razones que nos llevan a reaccionar serán muchas menos.
Otro problema puede surgir cuando nosotros interpretamos que existe un ataque y una dificultad que no es vista de la misma forma por los demás. Este problema suele ocurrir cuando reaccionamos ante las intenciones de los demás en lugar de reaccionar ante los hechos explícitos. El juicio de intenciones es la causa más frecuente que nos puede llevar a tener reacciones violentas desmesuradas y desproporcionadas.

¿Qué podemos hacer?

Respirar hondo y dejar pasar un tiempo es una buena medida. Si nos precipitamos, podemos juzgar una situación de manera equivocada, podemos ver cosas que no son. Puede ocurrir, que estemos perdiendo información importante para tener una idea correcta de lo que está ocurriendo.
También podemos controlar nuestra manera de comunicarnos. Si nos dejamos llevar por la ira, probablemente digamos cosas que no sentimos, que resulten ofensivas y que además sólo sirvan para empeorar las cosas. Si, aunque estemos enfadados, hablamos con respeto a la otra persona, pensando que puede tener un punto de vista tan válido como el nuestro, probablemente nos resulte más fácil salir de una situación tensa.

Reevaluación cognitiva.
No siempre es nuestra respuesta la causa de que estemos en la situación
Puede que la persona lo haya hecho desde el cariño, la broma sana o el respeto y no desde el ataque despiadado.

Incorporar la ira a la conducta
Aprovechar la ira
Aprovechar la ira para reaccionar y dirigir la energía que nos da hacia la consecución de nuestros objetivos o lo que es lo mismo: Orientarla hacia acciones productivas.
Se trata de no hacer solamente una descarga emocional que nos quita la razón delante de los demás y nos aleja de nuestros objetivos y además nos deja mal. Hay que dirigir la ira hacia el objetivo que pretendemos.
Ayuda cambiar la frase: "Estoy enfadado ...." por "Me gustaría que ...."
Conductas alternativas
Manejo de los pensamientos irracionales
Manejo emocional
Time-out, (irse para calmarse y volver cuando se pueda afrontar el problema) buscar algo que hacer. Hacerla creativa en sitios donde no se puede ir de allí. Entrenarse unas cuantas veces cuando no se está enfadado. Recordarlo con notas.

Tipos de agresividad.

La agresividad puede ejercerse de dos formas: activa o pasiva.
La agresividad activa es la que se ejercita mediante una conducta violenta. Se caracteriza por una actitud de pisoteo constante y sin escrúpulos hacia los derechos de las otras personas involucradas en el problema.
La agresividad pasiva es mucho más difícil de detectar. Se ejercita mediante una forma de sabotaje.
Hay otra concepción de agresividad: se trata de la agresividad secuencial: Personas que se comportan primero pasivamente, aparentando renunciar a sus derechos, y que cuando ven que el resultado no les es favorable, se comportan de forma agresiva.

Consecuencias de la agresividad.

La agresividad tiene su origen en multitud de factores, tanto internos como externos, tanto individuales como familiares y sociales (económicos y políticos, en este último caso). La adicción a sustancias (las popularmente denominadas "drogas") y los cambios emocionales del individuo, tanto a un nivel considerado no patológico por los especialistas en salud mental como a un nivel considerado patológico (neurosis, depresión, trastorno maníaco-depresivo o trastorno bipolar) pueden generar también comportamientos agresivos y violentos. La agresividad puede presentarse en niveles tan graves que puede generar comportamientos delictivos, o por lo menos obligar a que se remita a quien padece este tipo de conductas a un centro psiquiátrico. La agresividad patológica puede ser autodestructiva, no resuelve problemas, no es realista y es consecuencia de problemas emocionales no resueltos y también de problemas sociales diversos. La agresividad es, como la ansiedad, un comportamiento o conducta que, a cierto nivel, se considera normal, funcional y necesaria para la supervivencia y la vida cotidiana pero que, a ciertos otros niveles, se considera anormal, disfuncional y generadora de muchos otros problemas de salud. La agresividad puede llegar a ser devastadora contra los que nos rodean o contra nosotros mismos. Cuando no somos capaces de resolver un problema, nos desesperamos y, para salir de la desesperación, generamos una rabia terrible, que, si no es canalizada, puede ser destructiva.
Aparte de causar daño físico a las víctimas, puede servir para coaccionar e influir en la conducta de otras personas, para demostrar el poder que se tiene entre los subordinados y para conseguir una reputación e imagen de líder. Una de las formas de manejar nuestra ansiedad es por medio del poder, y la agresividad genera miedo en los demás. Y el miedo genera una sensación de poder.
Las personas que suelen ser muy agresivas necesitan ayuda por parte de profesionales de la salud mental (psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, neurólogos, incluso etólogos). Entre otras muchas consideraciones, las frustraciones generan agresividad porque no es posible conseguir aquello que se desea. La agresividad se puede dirigir hacia lo que genera la frustración, ya sea mediante agresión física o verbal o indirecta, desplazando la agresión hacia una tercera persona o hacia un objeto.
Una persona agresiva impone su punto de vista, su definición del problema, sus derechos o la satisfacción de sus necesidades, empleando estrategias que generan miedo, culpa o vergüenza. Esto lo hace mediante violencia física o violencia verbal. Es una estrategia muy efectiva, pero si es demasiado explícita puede verse seriamente castigada por la sociedad.

Calificación conductual de la agresividad.

El grito, el golpe, la manifestación agresiva completa está vinculada fisiológicamente a la parte expiatoria de la respiración. Lo que es una contracción corporal se vive como una expansión en el espacio personal. Las manifestaciones de la alegría, como la carcajada o el canto, se manifiestan asimismo en esta dirección, desbloqueadora, liberadora.
La agresividad puede manifestarse con carácter puntual y reactivo a frente a situaciones concretas, de manera más o menos adaptada. Se habla de personalidad antisocial cuando este patrón de conducta tiene una manifestación preferente a lo largo de la vida.
La agresividad se entiende en general como dirigida hacia afuera, hacia el otro. Sin embargo, la persona al agredir puede, directa o indirectamente, hacerse daño a sí misma. Puede también inhibir la agresión o dirigirla a sí misma a través de la conducta suicida o masoquista. El primer tipo mayoritario cuantitativamente representaría formas "heteroagresivas"; el segundo lo constituirían las formas "autoagresivas” (un caso particular de las mismas es el de la persona que al suicidarse quita la vida a algunos de los seres que están bajo su protección).

¿Qué es la agresividad?

Dejemonos guiar por el amor de Dios por la vida, Pascual Chavez, SDB.
La palabra agresividad procede del latín, en el cual es sinónimo de acometivididad. Implica provocación y ataque.
El término agresividad hace referencia a un conjunto de patrones de actividad que pueden manifestarse con intensidad variable, incluyendo desde la pelea física hasta los gestos o expansiones verbales que aparecen en el curso de cualquier negociación. Se presenta como una mezcla secuenciada de movimientos con diferentes patrones, orientados a conseguir distintos propósitos.
La agresividad presenta elementos de ataque y retirada. Por ello se implica con otras conductas de autoprotección. Amenaza, ataque, sumisión y/o huída, se presentan muy asociadas en la naturaleza.
El término violencia se refiere a un tipo de agresividad que está fuera o más allá de "lo natural" en el sentido adaptativo, carácterizada por su ímpetu e intensidad.
Para Weisinger (1988), en la raíz de la conducta agresiva está la ira. La define como "una sensación de disgusto debida a un agravio, malos tratos u oposición. Y que normalmente se evidencia en un deseo de combatir la posible causa de ese sentimiento".
Considerando la existencia de cuatro emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia, esta última sería la más próxima a la ira. Cuando se manifiestan en sentido pleno, la rabia es una emoción incompatible sincrónicamente con la tristeza, del mismo modo que lo son entre sí el miedo y la alegría. Tanto la rabia como la alegría tienen un carácter expansivo. Por su parte, la tristeza y el miedo se manifiestan corporal y cognitivamente con carácter retractivo.

Introducción.

Eduquemos con el corazon de Don Bosco. Pascual Chavez, SDB.

Este blog lo he realizado con el fin de crear conciencia a los lectores, pues aun en pleno siglo XXI, se encuentran personas que creen que ser agresivo se lleva en la sangre y no se puede evitar.En alguna forma se podria decir que en efecto, podria tener relacion la genetica en cuanto a la conducta de un agresor, pero psicologicamente hablando podemos constatar que lo que realmente influye es el ambiente donde se desarrolla el individuo, el cual al desarrollar ciertos parametros se puede volver un agresor, pero para lo cual existen ejercicios de relajacion y de autocontrol, para que la persona pueda sobrellevar este problema, antes que se vuelva mucho mas grande.